Cuatro pasos para enfrentar la presión y renovarse con entusiasmo

Por: Annie McKee | Harvard Business Review América Latina

Era imposible no asombrarse al ver saltar con la garrocha a Jenn Stuczynski en los Juegos Olímpicos. Ella sólo había estado compitiendo durante 4 años y aun así volvió a casa con una medalla de plata. De modo que fue muy impactante escuchar a su coach reprendiéndola por no ganar la medalla de oro contra Yelena Isinbayeva (posiblemente la mejor garrochista en la historia de las Olimpiadas, quien ganó la competencia batiendo dos veces el record mundial).

“Supongo que no te interesaba lo suficiente”, era el tono. Después de enumerar sus defectos, él simplemente se dio vuelta y volvió a hablar por celular. ¿Qué diablos estaba ocurriendo? ¿Su objetivo era inspirarla? ¿Desafiarla? ¿Humillarla?

Lo más probable es que esto no tuviera nada que ver con ella o con su desempeño. El comportamiento de Rick Suhr podría haber estado relacionado 100% con él.

¿Qué sucedió? ¿Una furia de esteroides? ¿Un perdedor irritado? Existe otra explicación, al parecer más benigna, pero igual de nociva. Los líderes que viven con estrés de poder –presión crónica e intensa provocada por las responsabilidades, crisis y exigencias– pueden fácilmente caer en lo que se conoce como el “síndrome del sacrificio”. Es decir, trabajamos en exceso, nos agotamos y perdemos nuestra eficacia.

Sabemos por la neurociencia y la psicología que cuando las personas experimentan estrés crónico, el funcionamiento cognitivo disminuye y nos enfermamos con más frecuencia. Ya no vemos el panorama general y tomamos malas decisiones. Nuestra auto-conciencia se reduce, la empatía escasea y la auto-gestión se ve comprometida. Perdemos las competencias emocionales y sociales que nos permiten ser líderes exitosos.

Paradójicamente, los mejores líderes son los más susceptibles al síndrome del sacrificio. ¿Por qué? Porque toman sus responsabilidades seriamente. Se preocupan, se esfuerzan, se exigen aún más. ¿Y usted? ¿Es usted como Rick Suhr, un poco al filo, listo para caer en comportamientos que usted sabe que no funcionarán?

Hay mucho que usted puede hacer al respecto. Pero primero, usted debe superar la fantasía de que unas lindas vacaciones de verano van a arreglar todo. No sucederá. Usted volverá al entorno de trabajo sin pausas. Las mismas presiones están ahí. Y no desaparecerán.

Siguiente paso: admítalo, usted no es un súper héroe y nunca lo será. Cierto, usted es fuerte, resiliente e inteligente. Bien. Aproveche esos dones. Pero hay algo más que debe hacer. Necesita interrumpir el síndrome del sacrificio con una renovación verdadera. Debe incorporar prácticas regulares en su vida diaria que provoquen una renovación psicológica y física. Es tan importante como comer, dormir y respirar. He aquí cómo comenzar:

1. Escuche los silenciosos llamados de atención de la vida. Tal vez sus llamados de atención no son tan dramáticos como algunos que he visto, como por ejemplo, los quiebres matrimoniales, las carreras estancadas. Pero quizás usted ya no se ríe tanto como antes, ha dejado de ir al gimnasio o no hace las cosas que más disfruta. ¡Escuche! Tome algunas medidas de ajuste ahora.

2. Practique la plena conciencia. Preste atención a sus pensamientos, cuerpo, corazón y espíritu. Esto no lo logrará por accidente. La mayoría de nosotros necesitamos desarrollar y luego practicar el arte de la reflexión. Trate de encontrar unos cuantos minutos para estar tranquilamente a solas cada día, aunque sólo sean cinco minutos antes de levantarse por las mañanas, en el camino hacia su trabajo, o un momento de quietud en el parque.

3. Encuentre esperanza. La esperanza es una fuerza poderosa. De hecho, a nivel neurológico nos ayuda a contrarrestar los efectos negativos de las presiones y cargas de la vida. La esperanza –una imagen de un futuro positivo y viable– nos inspira a indagar profundamente, a encontrar la fuerza para movernos en la dirección de nuestros sueños. Entonces, imagine su vida en diez años más: ¿qué estará haciendo? ¿Quién estará compartiendo su vida con usted? ¿Qué capturará su pasión?

4. Practique la compasión. Céntrese en las necesidades y deseos de las personas alrededor suyo. Actúe sobre lo que observa, haga algo para apoyar a los demás para que alcancen sus metas. Haga que el día de otra persona sea mejor. Al igual que la esperanza, la compasión genera emociones positivas que a su vez fomentan la renovación.

El cambio comienza con usted. Y cuando se vincula con un resultado significativo –como una vida vibrante– el cambio puede ser emocionante y divertido. Comience con cosas pequeñas, pero comience. Valdrá la pena.

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