Transición Profesional

Por: Mariano Muracciole

 Elizabeth Kübler Ross diseñó en 1971 un esquema llamado “Curva de cambio”, que luego fue adaptado al plano organizacional por Dennis Jaffe y Cynthia D. Scott. Esta curva incluye los procesos y estados por los que atraviesa una persona o una organización cuando se enfrenta a un cambio motivado por un factor externo: resistencia, negación, toma de conciencia, aceptación, exploración, búsqueda e integración. La primera reacción ante una situación nueva o sorpresiva es la resistencia a emprender un cambio de rumbo. Esta etapa se inaugura con el estado de inconformidad y de disgusto, sensaciones que suelen traducirse en preguntas como “¿Por qué yo?” o “¿Para qué vamos a encarar este cambio si ya lo intentamos y no funcionó?”. La actitud pasa a ser defensiva y de negación, por temor al futuro y a perder el poder, el estatus o el confort conseguido con tanto esfuerzo. Nos paralizamos. El cambio desencadena confusión, desorientación, incertidumbre, estrés, desorganización y, mientras tanto, pérdida de tiempo y oportunidades. Entonces tomamos conciencia de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y de lo que nos está sucediendo a nosotros mismos. Aceptamos que debemos despedirnos del pasado ideal para hacer algo, pero tampoco nos sentimos con las herramientas necesarias o con el estado de ánimo adecuado para afrontar este nuevo escenario. La “ficha” empieza a caer para iniciar la exploración y la búsqueda de información y oportunidades de aprendizaje, que nos ayuden a afrontar la realidad y encauzar la energía hacia una dirección positiva. Comenzamos a ver las cosas de diferente manera y nos armamos de optimismo y de instrumentos para enfrentar la batalla. Por último, ya comprometidos con nuestro objetivo y mirando hacia adelante, buscamos e integramos nuevos modelos y teorías que nos faciliten la acomodación al nuevo contexto, de manera exitosa y productiva, por supuesto. Esta curva imaginaria que se parece más a una montaña rusa que a un paseo de domingo, repleta de reacciones, estados de ánimo, actitudes, sensaciones y acciones, nos permite mirar de otro modo las situaciones que nos desacomodan. Nos enseña a comprender que todo cambio o crisis implica una transición a nivel interno, y también a identificar y nombrar los momentos por los que pasamos. Esto ocurre en cualquier tipo de cambio: un despido, un rumbo laboral diferente, la elección de una nueva carrera universitaria, un negocio que deja de funcionar o que pierde el efecto sorpresa, una situación familiar inesperada, una crisis personal, un nuevo objetivo impuesto por nuestro jefe, una actividad reciente con la que no nos sentimos a gusto y que igualmente debemos encarar, etcétera. Mirar lo bueno de lo malo es empezar a dar vuelta la historia, es asumir como propio lo impuesto por el entorno o por un factor ajeno. Es hacer, evaluar y rehacer. Es ser responsable, responder con protagonismo a la situación que nos toca vivir.

 

*Mariano Muracciole | Licenciado en Psicología Consultor Laboral y Profesional de la Orientación Vocacional mariano@proyectoarmando.com.ar

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