La guerra de las percepciones

Por: Damián Fernández Pedemonte

 

Paradójicamente, lo más cierto sobre el delito es su percepción.

Tenemos, por un lado, el dato incontrastable de que la población de los centros urbanos está muy preocupada por la sensación de incremento de la inseguridad: así lo expresa en las encuestas, en los medios y movilizándose. Por otro lado, a partir del análisis de la cobertura de las noticias policiales se pueden verificar varias estrategias de amplificación de la violencia. Esta constatación no puede menos que darles la razón a Raúl Zaffaroni y a Carmen Arguibay cuando sostienen que los medios exageran la inseguridad.

Obviamente, los delitos que narran los medios suceden, no son un invento. Pero por

cada uno, hay decenas de notas periodísticas, en cada medio. Las “olas de violencia”     -como la de asesinatos de policías del mes de febrero- son una forma de edición, de agrupamiento de episodios diversos bajo un mismo encabezamiento que los enlaza. Por un tiempo – en promedio, dos semanas- un tipo de delito acapara la atención de las secciones de policiales. Los otros, aunque persistan, desaparecen de la agenda pública, y cualquier delito del tipo al que corresponde la ola -asesinato de un policía- tiene más chance de salir a la luz y obtener abundante cobertura.

Así, por ejemplo, durante la mencionada ola de febrero hubo sólo tres hechos delictivos distintos (la muerte de Áldo Garrido, el 17 de febrero, de Leornardo Melliza, el 20, y Claudio Santillán, el 25) y de un tipo frecuente en otros momentos, en razón del oficio policial. La ola, sin embargo, bastó para cambiar la tendencia, a la que estamos más acostumbrados por las noticias, de ver a la policía en función de autora o cómplice del delito. Sin ir más lejos, muy poco antes, se sucedieron detenciones de policías por el secuestro del empresario Leonardo Bergara.

¿Entonces? Los delitos existen, la forma de agruparlos de los medios puede hacer que se tenga la impresión de que un tipo específico de delito ha crecido exponencialmente. Es probable que ahí haya más “violencia” en los medios que en la calle. La reproducción en la prensa de un clima de opinión facilita las declaraciones desmesuradas, los pedidos de soluciones drásticas, aunque la búsqueda de la eficacia y el castigo se lleve por delante las garantías de los ciudadanos y la racionalidad de las instituciones. La pena de muerte, la imputabilidad de los menores, el uso privado de armas, fueron tópicos que se dieron cita en esta ola, sobre todo a partir de las declaraciones de Susana Giménez, que operaron como autorización para expresar las opiniones más recalcitrantes en los comentarios de los diarios digitales y en los llamados a los medios (¡ya lo dijo la ídola!).

El gobierno podría serenar un poco el debate si mostrara estadísticas (¿por qué no las muestra?). De otros años sabemos que el delito tiene unos picos en los medios que no tiene en la estadística criminal. En año electoral, no es improbable el uso político de la noticia policial: el pueblo -ahora incluyendo en ese colectivo a la policía- desguarnecido ante la despreocupación gubernamental. Ahora bien, el gobierno también debería tomar en serio la percepción de la gente, ese nuevo campo de investigación que se llama “inseguridad subjetiva”, porque en comunicación política Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias (William Isaac Thomas). Debe explicar su política. De lo contrario habrá que darle a la razón a la gente cuando dice que el tema de la inseguridad le tiene sin cuidado.

2 comentarios

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2 Respuestas a “La guerra de las percepciones

  1. Soledad Cedro

    Damian,
    Llevo casi tres años sin vivir en el país y si bien eso ‘invalida’ mi persepción, la distancia tambien aporta para ver las cosas de manera comparativa. Todos sabemos que los medios pueden inflar las noticias, eso no es nuevo para ningun comunicador. Pero trabajo a diario en un noticiero cubriendo tiroteos/secuestros/asaltos, y sé de primera mano lo fácil que es armar algo, también me sirve para darme cuenta que en gran parte el medio depende de la calle para sus historias… Es el huevo o la gallina… despues de tres años de trabajar en un noticiero, te puedo decir que la persepcion de la gente no me parece que sea 100% armada por los medios, porque los medios -desesperados por audiencia- viven pendientes de lo que habla la gente para poner en sus noticias, y captar su atención… En la teoría, en la universidad, vi muchas veces que los medios ‘arman’ la agenda, pero en la practica la causa-consecuencia no se me hace tan clara… A lo que voy es que si todo el mundo habla de inseguridad, por algo es… Ademas de las olas de los medios, estan las relaciones interpersonales, que como nos has enseñado, suelen ser las de la huella mas importante… Justamente al vivir afuera, hay cuestiones de la vida cotideana de argentina que se me hacen cada vez mas extrañas… Cada vez que voy, la gente vive con una paranoia de que los asalten, que te aseguro no se percibia hace tres años -al menos yo no la percibia de igual manera-… Y cada vez escucho más historias personales de inseguridad… Lo ideal seria poder confiar en las estadisticas, pero ¿de quien? Nuestro centro de estadisticas nacionales esta entre las instituciones menos confiables del pais… ¿Creerle a una presidenta que a diario me tira estadisticas de inflacion que distan en mas de cinco punto de la realidad? Me parece pecar de puristas, en un pais que no lo es… Por otra parte, tambien desde afuera, me parece que en un cierto sector intelectual hay un extremo miedo a la palabra ‘duro’… Obviamente es entendible en un país que vivió y sufrió el terrorismo de estado, pero por qué tener tan poca fe en que no aprendimos… ¿Tener leyes mas duras necesariamente tiene que ser caer en el horror de los ’70? ¿no existe la mas minima posibilidad de que seamos un pais en el que los delincuentes no gocen de total impunidad, que los derechos humanos sean exclusivamente para los delincuentes, pero que a la vez tengamos una democracia basada en la justicia, con respeto de las libertades? ¿por que en otros lugares del mundo la gente puede salir sin miedo a que los maten en la calle y sin embargo vivir en democracias? ¿tan poco capaces somos? Que un miembro de la corte suprema, como Arguibay, salga a decir que quien no piensa como ella es ‘ignorante’. me parece que directamente descalifica sus comentarios… Se supone que ella representa el sector culto del pais, y que demuestre ese nivel de intolerancia hacia quienes difieren de sus ideas, la pone en un nivel aun mas bajo que el de una simple conductora de television, de la cual todo el mundo sabe que no goza de instruccion alguna, que salio a decir lo que pensaba… Al menos la segunda tiene el alisiente de no tener la educacion como para medir el poder de sus palabras…

  2. Soldedad:
    Ante todo, ¿cómo estás, tanto tiempo? Muchas gracias por tu comentario. Te aclaro que en este sitio soy mero invitado. Estoy básicamente de acuerdo con lo que decís. Y me parece que no es contradictorio con lo que escribí. Sostengo que la “sensación de inseguridad”, de la que se mofó hace poco el gobierno (contradictoriamente, el mismo día en que anunciaba un plan de seguridad), o la “paranoia” que vos notás (ahora más que antes: supongo que, en parte, porque antes vos estabas metida dentro de ella), las “percepciones” son reales a su modo, deben ser tomadas en serio, aún cuando no respondan a un crecimiento real del delito, lo cual es improbable. Yo tampoco creo que la relación: asuntos en los medios-asuntos de la gente, sea unidireccional. Ahora bien, sé también, y ya no por intuición sino por investigar el tema, que los medios amplifican la violencia, particularmente en las olas. Esos picos de violencia se dan mucho más en los medios que en la realidad. En eso sí le doy la razón a Arguibay. Pero no debería haberlo dicho en una entrevista con periodistas en medio de las protestas de la gente, y mucho menos llamando ignorante a nadie, eso es reirse de las percepciones, que son preocupaciones reales. Debería habérselo guardado para una clase o para un artículo.
    Un saludo afectuoso
    Damián

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