La comunicación y la gente en el conflicto del Gobierno con el campo

La comunicación y la gente en el conflicto del Gobierno con el campo.

Damián Fernández Pedemonte

marzo de 2008

Se me pide una lectura comunicacional del conflicto entre el Gobierno y los productores rurales y el pedido me alegra. Sinceramente creo que en torno a los grupos de mails, los blogs, los comentarios en las ediciones digitales de los diarios, entre otros foros, se dan hoy los debates de verdadero interés en nuestro país (mucho más que en las aulas o que en los órganos deliberativos de los gobiernos): interés en el tema, en las personas que participan y en la escucha de la palabra ajena. Pero el asunto es demasiado extenso para el tiempo y la información de que dispongo sin quiero opinar “durante” el conflicto y no convertirme, como tantos intelectuales, en profeta a posteriori. Me limitaré a comentar, entonces, el evento comunicacional del discurso de la Presidenta del martes.

Una lectura como la que se me pide da por supuesto que un conflicto público es algo que siempre está en directa relación con la comunicación. Junto a los hechos, tanto en el comienzo, como en el nudo y el desenlace del conflicto, hay palabras, gestos: actos de comunicación.

En esta oportunidad yo creo que el discurso de la presidenta Cristina Kichner del martes     actuó como un precipitado del conflicto, ya que lo transformó de un problema sectorial -el campo que protesta por un nuevo aumento de las retenciones- en un problema de la sociedad con su gobierno. Efectivamente, el discurso logró que volviera a salir a la calle, multitudinaria y autocombocada, la “gente”, ese actor político, temible por incontrolable, que nunca se había hecho sentir de manera tan condunte en la era K (Bloomberg sólo reunió “gente” –y mucha menos- de la Capital).

CK provocó esta expansión del conflicto debido a una estrategia de comunicación muy desacertada: definir un enemigo equivocado. El enemigo creado por su discurso fue la oligarquía ganadera (un enemigo del primer peronismo, como le llama Sidicaro al peronismo del Perón de los años cuarenta). No es que no siga existiendo, sino que no representa al protagonista de la huelga (“Lock out”, como le gusta decir al Ministro de Economía), que es mucho más complejo e incluye a los chacareros y pequeños productores con estrechos márgenes de ganancia, a los habitantes de los pequeños pueblos del interior del país y a los trabajadores rurales que sobreviven gracias al campo.

La creación del enemigo, la insistencia en la metáfora de confrontación con las corporaciones instalada por su marido, conduce inevitablemente a la toma de posición de la audiencia  respecto de los términos usados por CK para encuadrar el conflicto. Y “la gente” tomo posición por el campo.Tanto más cuanto el enemigo creado fue ideológico y no generó cohesión de nadie en contra de él. Salvo de los piqueteros mandados a la plaza de mayo, que desde el punto de vista comunicacional sólo sirvieron de revulsivo en “la gente”. (Beatriz Sarlo realiza hoy en La Nación una caracterización de la irrupción violenta -en palabras y acciones- de D’ Elía, en términos de provocación, en mi opinión incuestionable desde un punto de vista progresista).

Todo fue ideológico –teórico, poco realista- en el discurso, desde la alusión inicial al golpe del 76 –que instaló el tema del derrocamiento, evocado inmediatamente después por los cacerolazos- hasta la amenaza final de que no iba aceptar extorsiones –con la que voló el puente de entendimiento que se espera del Gobierno y no de los que realizan la protesta, que no saben a quién dirigirse. Mucha gente que nada tiene que ver con el campo seguramente colocó en el cacerolazo su protesta por el autoritarismo sellado en el discurso  de CK.  Morales Solá y Lanata, desde La Nación y Crítica realizan lecturas muy similares del sentido de repulsa a la soberbia, de esa protesta.

Desde el punto de vista comunicacional, entonces, el error, para mi, se explica en estos términos: Los K encuadran su discurso en un marco ideológico que no es el de “la gente”. No creo que haya una despolitización de la ciudadanía argentina: las continuas marchas contra la violencia, las asambleas en Gualeguaychú, y lo de ayer y el martes dictan lo contrario, lo que hay es una movilización de “la gente”, que sigue agrupamientos y reagrupamientos –issue by issue-muy distintos a los que los gobernantes tienen en la cabeza.

Una lectura comunicacional de las cuestiones públicas no puede dejar de considerar a los medios como actores políticos. Hubo alineamientos diversos: La Nación y Crítica, ya citados, fueron los más duros con el Gobierno, desde perspectivas ideológicas alejadas entre sí. El Grupo Clarín, reticente a mostrar la amplitud de la protesta, tanto en las imágenes en directo de TN con los comentarios de Silvestre como, peor aún, en el diario Clarín que escamotea hasta la palabra “cacerolazo”. Página 12, obviamente con el mismo framing del gobierno, ilustra sus notas con fotos de estancieros y estancieras copetudos. La novedad: el uso de los nuevos medios por parte de “la gente” que se convoca con cadenas de SMS, que envía a los medios convencionales imágenes y audio de los cacerolazos capturadas con celulares, que hace estallar la blogosfera con comentarios sobre la cobertura de las protestas por parte de los medios convencionales. Hasta en esto, “la gente” en otra longitud de onda que el Gobierno.

 

(Lo posteo también en comprensiondicursiva.blogspot.com, por si alguien quiere comentar)

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Archivado bajo Comunicación, Comunicación Política, Notas de Invitados, Periodismo, PR

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