El café australino de la mañana

Por: Marina Kempny

En mis vacaciones no tuve el placer de conversar con los peces, pero sí con Linas: un lituano que usando la voz de don corleone se presentaba como ‘Borat’ cuando te conocía, y te hablaba en inglés tipo a lo indio pensando que así lo ibas a entender mejor. Una noche, mientras charlábamos con él, me dijo que siguiera caminando – al mejor estilo Johnnie Walker-, mirar para atrás no no, así no avanzar, estancar… Está bien, nada nuevo Linas! Pero lo interesante fue cómo terminó la idea; hay que seguir adelante porque allá te espera la oportunidad de hacer feliz a alguien, y después de todo es así como uno es feliz. Tampoco nada nuevo esto último, y sin embargo era lo que necesitaba escuchar. Es increíble cómo la frase o la respuesta indicada te viene de personas de las que menos la esperas… como de este lituano en calzoncillos, concentración, violín en mano, regalando sonidos dudosos en medio del patio de un vecindario de chozas indígenas.

Y hago este comentario porque el café de hoy se limitará al café de los lunes australinos en sí, a la felicidad y a Rosita… a quien se lo dedico. Mis disculpas para quienes esperaban más, pero estamos con un problema: cuando vuelvo de las vacaciones festejo mi año nuevo (sea la fecha que sea), por lo que se viene el tilín tilín con el tenedor en la copa y un patinado “estimados bla bla bla”.

Rosita trabajaba acá en la misma empresa que yo, y murió hace tres semanas. Rosita se desempeñaba en Limpieza, yo me despertaba con Marketing; pero hemos charlado vidas en la cocina, gastado cuentos entre franelas en mi escritorio y productos de limpieza en el baño. Rosita me regalaba sus mañanas con las lágrimas más ricas (yo solía quemarlas siempre porque no entendía el horno microondas), me guardaba el resto de café que preparaba para los mecánicos, me reservaba las mejores tazas… también procuraba que tuviera siempre plantas bien verdes cuando estaba en una oficina sin ventanas… Fueron muchos detalles más los de Rosita, que no tenía sólo conmigo sino con todos los que vivían sus días. Con ella compartimos también las alegrías de su nieta, la música que me pedía para el equipo de su casa (tenía un home theater que se había ganado en un festejo de fin de año) y sus anécdotas con el viejo Maruf del taller. Pero lo más importante es que cada mañana Rosita me regaló alegría y afecto… aún hoy desde el recuerdo.

Los cafés preparados por Rosita fueron la inspiración para el café de los lunes en Australinos. No quiero detenerme mucho en el tema, y creo que todos opinan lo mismo sobre la importancia del café (o la bebida alternativa) en la oficina. El café es el mejor aliado en una reunión muy aburrida; es tu mejor amigo cuando no podés sacarte de encima al insoportable de turno que te quiere vender su buzón a toda costa. El café es también muy buena alternativa cuando necesitás un corte de la computadora, cuando querés extender una comida amena con amigos…. Y es el mejor compañero para empezar la mañana laboral con un artículo interesante y/o una ojeada del diario (¿cómo se empieza la mañana en la oficina si no?). Lágrima humeante + necesidad de lectura = Café de la Mañana.

Ayer lloré a Rosita, y me di cuenta de que durante mucho tiempo fue mi morning glory (haciendo alusión a la imagen del archivo adjunto)… Qué lindo llegar a ser la morning glory de alguien, qué lindo cerrar los ojos con la felicidad del otro.

Para Rosa este café, y el tema  Merry Christmas Mr. Lawrence, de Ryuichi Sakamoto (es del soundtrack de Rain Man).

 

Deja un comentario

Archivado bajo Notas de Australinos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s