Detalles, revoluciones y reinventar el negocio

Por: Marina Kempny

Durante dos años tuve que vender el concepto de que la diferencia está en los detalles o la diferencia se ve en la calle… orientación al detalle es una frase con la que muchos han tenido que lidiar en el laburo: es el latiguillo gastado de algunos “head hunters”, es el caballito de batalla de los que se venden en una entrevista… Los DETALLES son los que hacen que una campaña tenga éxito – o que se hunda en lo más bajo-. Indudablemente los detalles quieren decir muchas cosas, incluso el muy de moda small is the new big, o think small (tanto para el caso del aviso de VW como para la afirmación de gurú-moderno cuando habla de los targets, los segmentos y todo tipo de “los” que se les ocurran). No sé si efectivamente sé qué son los detalles. A veces concluyo que no sé nada (tómenlo con doble negación o no, lo mismo da). Pero en definitiva, de eso se trata ¿? Saber captar los detalles de tus potenciales clientes para saber qué y cómo venderles; saber usar los detalles para ganar una negociación, saber ver los detalles para escribir/construir la realidad, saber leer los detalles para no hundir tu negocio o para reinventarlo, saber entender los detalles para relacionarte con tus personas queridas, saber darte cuenta que uno no puede comentar cada detalle tonto que le llamó la atención, porque los amigos pueden cansarse y con ellos no hay focus group previo que te salve. Así que sin cámara gesell a mano, cambio de tema.

 

Hace unos cafés hice referencia a lo que escuché por ahí sobre qué sería una verdadera revolución. Días atrás leí unas líneas del primer coro de La Roca, de T.S Elliot, que expresan, a mi cortísimo entender, un concepto original: la idea de que la muerte, lejos de acercarnos a Dios, nos aleja. Y hablando de la relación -si se puede decir “revolucionaria”- entre opuestos, varios recordarán tal vez a Calderón de la Barca: <<quiero olvidarlo todo y conocerte, quiero dejarlo todo por buscarte, quiero perderlo todo para hallarte, quiero ignorarlo todo por saberte>>… solo que en su caso, él estaba enamorado de Dios y a Él se refería, por lo que el revolucionario no es él sino la idea católica de salvación… Igual sólo quiero dar ejemplos de casos aplicados de “revolución” que lleven, o no, a reinventar su día a día laboral como comunicadores, como dueños de quioscos, como empleados de negocio de zapatos, como meseros de restaurants.

Van las líneas del primer coro de La Roca:

 

Se cierne el águila en la cumbre del cielo,
el cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
conocimiento del habla, pero no del silencio;
conocimiento de las palabras e ignorancia de la palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.

 

Y para cerrar la idea, me topé con un poema de Carl Sandburg (gentileza de JL Borges) que me encantó. ¿No es muy buena la excusa elegida para describir una ciudad? ¿No es genial el detalle al que se refiere? AL fin, hasta el más viejo producto o negocio –e incluso la propia vida- puede renovarse con alguna vuelta de tuerca creativa:

 

Calles demasiado viejas

Caminé por las calles de una vieja ciudad, y eran flacas las calles como gargantas de pescados duros del mar, salados y guardados en barriles por muchos años.

¡Qué viejas, qué viejas, qué viejas somos! –seguían diciendo las paredes, arrimadas unas a otras como mujeres viejas del pueblo, como viejas comadres que están cansadas y hacen lo indispensable.

Lo más grande que la ciudad podía ofrecerme a mí, un forastero, eran estatuas de los reyes, en cada esquina bronces de reyes, viejos reyes barbudos que escribían libros y hablaban del amor de Dios para todos los pueblos, y reyes jóvenes que atravesaron con ejércitos las fronteras, rompiendo las cabezas de los contrarios y agrandando sus reinos.

Lo más extraño para mí, un extraño en esta vieja ciudad, era el ruido del viento que serpeaba en las axilas y en los dedos de los reyes de bronce: ¿No hay evasión? ¿Esto durará para siempre?

Temprano, en una racha de nieve, uno de los reyes gritó: <<Echenme abajo, donde no me puedan mirar las comadres cansadas; tiren el bronce mío a un fuego feroz, y fúndanme en collares para niños que bailan>>.

 

No había pensado nunca de esta manera en las estatuas o en los monumentos… más allá de la obra de arte que son, nunca las sufrí como víctimas de ser eternizadas en la laboriosa tarea de descubrir un continente, de pelear una guerra, de salvar un pueblo. Si muero famosa y vivo estatua, voy a pedir que me eternicen sentada disfrutando un atardecer, o arriba de la bicicleta, con el viento en la cara… aunque el sillón, el pote de helado y el televisor podrían estar muy bien tambien!!!

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