Cobertura del conflicto Campo – Gobierno | Informe de la UBA

(abril de 2008)

El café de hoy completa el tema del campo que venimos tratando desde hace unas semanas. Tuvimos el análisis de un académico en cuanto al uso del discurso, el de un profesional de RRPP (para algunos, referente en el rubro) en cuanto al manejo de la comunicación, el de un periodista en lo que concierne a presión de las partes involucradas en la cobertura del conflicto…

Completamos con el Informe de la UBA sobre la cobertura de los medios, que la Facultad de Comunicación le acercó a la presidenta Cristina F de K (y del cual esta última se valió para reflotar o reinventar el observatorio de discriminación de los medios). Muy buena la lectura porque aporta la otra campana del asunto. También incluyo abajo el Pronunciamiento que hizo días después la misma facultad, luego de la respuesta que recibió por parte de los medios a partir de dicho Informe. Difrencio los textos en colorado.

Muchas gracias a la australina Florencia Mazzinghi por la información.

1- INFORME SOBRE LA PRENSA DURANTE EL “LOCK OUT”, REALIZADO POR LA UBA

@DIN
Pronto, Claro, Bien
Agencia Digital Independiente de Noticias
http://agenciadin. com.ar

UBA (Universidad de Buenos Aires): informe sobre la prensa durante el Lock-out

Ataca como partido y se defiende con la libertad de prensa

El informe completo de la UBA

Punteo para el análisis de medios entre los días 26 de marzo y 3 de abril de 2008.

“Hay que cuidarse de ese diario. Ataca como partido político y si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa”, dijo César Jaroslavsky al referirse al modo de accionar del diario Clarín durante los años 80.

Esta frase va al nudo de un problema que los medios prefieren y necesitan ocultar para poder mantener el discurso de la “objetividad” y seguir instalados como quienes se limitan a “reflejar acontecimientos” de la vida social y política de la Argentina.

Esta corriente (las teorías de la objetividad, el periodismo como espejo de la sociedad o la actividad periodística como reflejo del acontecer social) caracterizó las líneas de investigación hasta la década de los años 70 y si bien ha sido desplazada por las teorías de la construcción de la información o de la fabricación de las noticias en la mayoría de los ámbitos de enseñanza y reflexión sobre el periodismo y la comunicación, los medios de comunicación –en tanto empresas, por un lado y en tanto espacios de rutinas y lógicas profesionales de fabricación de noticias y, por ende, de construcción de sentido- se esfuerzan cada día para perpetrar, como sentido común, la corriente de la objetividad.

Las dos razones básicas para que lo hagan son las siguientes:

a)de asumir que “los medios construyen una realidad” y no la “reflejan” se verían obligados a dar cuenta ante la sociedad de cuáles son esos mecanismos a través de los cuales fabrican las noticias, lo que implicaría que

b)deberían asumirse ya no como espacios en los cuales la vida social aparece “reflejada”, sino como actores sociales y políticos del acontecer de una Nación.

Reconocer estas dos cuestiones implicaría colocarse ya no sólo en el lugar del decir, sino que abrirían la puerta a que se les pudiera decir a ellos también.

Aquí reside una de las razones por las cuales el enfrentamiento de los medios con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner es tan virulento. No se explica semejante nivel de enfrentamiento de parte de los medios con estos dos gobiernos si se atiende solamente a la cuestión empresarial: por citar sólo un caso, el gobierno de Néstor Kirchner le extendió las licencias de radiodifusión.

¿Entonces, cuál es el problema? La razón fundamental de tal nivel de virulencia en la crítica y en el cuestionamiento reside –más allá de profundas diferencias ideológicas que han quedado al descubierto desde un comienzo- en que estos dos gobiernos los han colocado en la escena pública como un actor más de la vida política y social de la Argentina y los han interpelado públicamente desde este supuesto.

Es decir, los han obligado no sólo a posicionarse en tanto actor político sino a dar explicaciones sobre los modos de construcción de la información (es decir, cómo es el procedimiento y el mecanismo a través del cual un acontecimiento se vuelve hecho noticioso) al ser interpelados ya no desde un lugar externo a la escena pública, sino como partes de la esfera política.

Y esto, para quienes basan su poder político, simbólico y económico en la noción de distancia ecuánime con los acontecimientos es obligarlos a echar por tierra el modo en que se han definido desde su nacimiento.

La violencia simbólica

El lockout patronal agropecuario obligó a la ciudadanía a posicionarse como pocos acontecimientos lo han hecho en la historia reciente de la Argentina. Los medios no escaparon a esto y en la vorágine de no perder el lugar de una supuesta neutralidad han mostrado lo que desde siempre han querido ocultar: nunca quedaron tan en evidencia como en estos días los modos de construcción de la información.

La escalada de violencia simbólica y por momentos racista de los medios –sobre todo los electrónicos- dejó en claro qué posición la mayoría de éstos había tomado.

Con el correr de las horas y de los días, este posicionamiento se hizo más evidente pero desde un principio -con mayor o menor nivel de brutalidad, con mayor o menor grado de sutileza- se colocaron en lugares de defensa de unos u otros intereses económicos y de sentido.

La actuación de lo massmediático audiovisual resultó una experiencia casi inédita de impudicia, obscenidad ideológica y violentación de toda “objetividad” en cuanto a política de la imagen y de los encuadres de parte de los canales y sus noticias. Un cóctel de distorsión, analfabetismo, prejuicio y racismo.

La espontaneidad de la dupla “movilero-locutor” para explicar las cuestiones que nos asuelan resultó una suerte de catarata indetenible que hizo estallar todo sentido sobre lo que realmente está ocurriendo en la crisis, ante ojos y oídos de millones de personas.

Los acercamientos de cámaras donde 100 parecen 10.000, los diálogos donde es peor la ideología del cronista que la del propio entrevistado fascistoide, la conversión de la Sociedad Rural y Coninagro en revuelta de una suerte de “campesinado” andino escapando del napalm, la falta de toda intención ordenadora de los significados que están en juego hacen del noticierismo porteño la “natural” y/o alentada derechización ideológica con que se baña cotidianamente nuestra sociedad mirando la pantalla”, escribió Nicolás Casullo en la edición del 30 de marzo de 2008 de Página 12.

No es llamativo, pero es necesario consignar que Página 12 fue el único medio que dio cuenta del comportamiento y de los modos de cobertura de los medios de comunicación. Este tipo de columnas aparecieron publicadas durante casi todos los días del conflicto y en su edición del 3 de abril, el diario realizó una entrevista a semiólogos para que analizaran los discursos construidos.

Columnas como la de Casullo no son solamente una invitación a la reflexión. Es también la puesta en evidencia -y en palabras- de cómo los medios construyen y que sobre eso se puede y se debe hablar porque son un actor más en la vida social y política de una nación.

Esta intención política de Página 12 se da de bruces con la noción de objetividad que pregonan slogans como “Periodismo independiente” .

Y en este sentido es más que notable ver cómo mientras Clarín (3 de abril de 2008), por ejemplo, dedicaba espacio al comunicado de ADEPA en el cual se decía que las coberturas de los medios son “noticias y opiniones expuestas sin otro propósito que reflejar la realidad”, en Página 12 se le daba importancia al pronunciamiento de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en el cual se habla de “recortes de la realidad”.

Cuando igualar desequilibra

El martes 25 de marzo a la madrugada, todos los canales de televisión colocaron en un nivel de igualdad informativa el discurso presidencial, los piquetes del agro y los “cacerolazos” de algunos barrios porteños. Esta equiparación es el primer síntoma desestabilizació n.

La regla básica de construcción de una nota es responder a la estructura de la pirámide invertida, esto es, responder en el primer párrafo o en el copete informativo, en el caso de los medios electrónicos a las 5 preguntas básicas del periodismo (qué- quién- cuándo- dónde- cómo).

Dentro de la clasificación de noticias se encuentran lo que llamamos, “noticias del campo del hacer” y las “noticias del campo del decir”.

De lo anterior se desprende una segunda regla básica del periodismo: saber diferenciar dentro de las “noticias del campo del decir” el lugar de enunciación de quien pronuncia estas palabras y entender a partir de esto la jeraquización que se hará de la información.

Cuando la televisión “parte la pantalla” y coloca en un pie de igualdad informativa la palabra presidencial y la de un “cacerolero” o el discurso presidencial es equiparado al de un líder agropecuario surgido de una asamblea, lo que se está haciendo, en realidad, es provocar un efecto de sentido que pierde de vista no sólo las jerarquías sino las implicancias de cada una de esa palabras emitidas.

Para decirlo claramente: se equiparó desde un comienzo la palabra que provoca acciones de gobierno y la palabra que sólo da cuenta de un testimonio individual y de coyuntura.

La edición

En la misma madrugada del miércoles, los medios audiovisuales hicieron un “recorte” a través de los encuadres de las cámaras. Sólo una toma en perspectiva da cuenta, con algún grado mayor de imparcialidad, de cierta totalidad de lo que está ocurriendo (lo que no es otra cosa que en un texto escrito poner en contexto lo que se relata). Un plano corto y cerrado elimina la posibilidad de que el televidente pueda “ver ese contexto”. Este tipo de tomas fueron las utilizadas para “mostrar” la cantidad de personas que participaban de los cacerolazos.

A las 3 de mañana del ya miércoles 26, TN sumó a lo anterior una edición en la cual aparecía “el peligro” que generaban quienes estaban en la Plaza defendiendo al gobierno nacional.

La secuencia fue la siguiente: se mostraba a una imagen de un grupo de “caceroleros” y el sonido de estas imágenes era el ruido ambiente del golpeteo de las cacerolas y las voces que participaban de esta manifestación. La imagen fundía a negro y aparecía un grupo de “piqueteros” tomados de espaldas en cámara lenta y con niveles más bajos de luz y acompañaba a estas imágenes una música de película de terror similar a la de Tiburón cuando el animal está por atrapar a su presa. Todos los que trabajamos en y con los medios de comunicación sabemos que una película de suspenso no es tal sin la musicalizació n.

Lo que aquí se dice sobre “atrapar a la presa” no es inocente: La Nación construyó el siguiente título en la tapa de su edición del miércoles 26: “Cacería para ganar la plaza”.

El contraste era claro: personas indefensas se están manifestando mientras la bestia está acechando para provocarles algún tipo de daño.

A esta construcción le precedieron comentarios de periodistas en piso, de cronistas en la calle, y de videograf que marcaban la diferencia entre “gente” y “piqueteros” y entre “vecinos” y “piqueteros violentos”. Esto que aquí se relata se vio sobre todo en: TN y en el programa especial que canal 13 puso al aire (conducido por María Laura Santillán y Santo Biasatti), para lo cual el canal del grupo Clarín levantó su programación habitual (estaba por comenzar un capítulo de “Mujeres asesinas”).

Las primeras dicotomías

Aparecieron por esas horas de noche del martes 25 y de la madrugada del miércoles 26 los primeros elementos de corte racista y clasista: Veamos algunos ejemplos:

 las diferenciaciones entre “gente” y “piqueteros” (TN; América, Canal 13)

 “piqueteros (…) dispersaron a los golpes a manifestantes” (La Nación 26 de marzo)

 diferenciació n de “manifestantes” y “piqueteros”. Ejemplo: Nota “Ataque de grupos de piqueteros a los manifestantes de Plaza de Mayo”. (pág. 7 Clarín 26 de marzo)

 la noción de manifestaciones de “gente bien vestida y de color claro de piel” y la de “piqueteros” y “personas de tez oscura” (TN)

 el problema de a quién se le brindan los recursos provenientes de las retenciones (chiste de Nik en la contratapa del Suplemento Espectáculos de La Nación del domingo30 de marzo)

 la alusión de Crítica de la Argentina del 27 de marzo, en tono de sorna, al cambio de camisa de D Elía entre el martes 25 y el miércoles 26.

 la dicotomía de los “vecinos autoconvocados” o “ciudadanos que se manifiestan espontáneamente” VS “piqueteros violentos”, “militantes” o “grupos de choque”.

 “La familia agropecuaria se moviliza en las rutas”, dice La Nación del miércoles 26 de marzo y recurre a la construcción a través del recorte en el testimonio personal y con cierto dejo melodramático, al modo de las historias de vida, al que también recurrió Clarín por ejemplo el 30 de marzo y Crítica el 30 de marzo de 2008. Este mecanismo nunca fue utilizado para dar cuenta de por qué, por ejemplo, habían ido a la Plaza las personas que se manifestaron por las noches a Plaza de Mayo en apoyo al gobierno, a quienes participaron del acto del 1 de abril.

Luis Bruschteiun logra dar cuenta al mismo tiempo de dos fenómenos diferentes en su nota de Página 12 del 2 de abril. Señala allí que vio en el acto del 1 de abril a un hombre con uniforme del SAME que llevaba un cartel que indicaba: “Señores de TN, yo también soy la gente”, al tiempo que otro cargaba otro cartelito con la leyenda: “Señores del campo: Vinimos a la plaza y no nos pagó nadie”. A través de estos relatos establece por un lado, lo ofendida que más de una persona pudo haberse sentido por lo que ciertos medios dijeron y escribieron a lo largo de estas jornadas y, por el otro, que quienes ofendieron fueron los medios de comunicación.

Estos datos color permiten retomar una noción que siempre ha servido como escudo de defensa para los medios de comunicación y pocas veces para los ciudadanos: que lo que debe recordarse es que la libertad de expresión de un medio o de un periodista es una parte de la ecuación.

La otra, la no tan reiterada desde los medios, se basa en el derecho fundamental que asiste a todos los ciudadanos de poder recibir la información.

Mario Wainfeld dio cuenta también de los gestos discriminatorios y racistas que comenzaban a aparecer en la cobertura de todo este conflicto de este modo: (Página 12 del viernes 28 de marzo):

“Caos y violencia: Durante años, cualquier embotellamiento derivado de cortes de calles o rutas fue tildado como “caos” por la mayoría de los medios y los comentaristas. El tractorazo, cuyo nivel de lesividad fue comparativamente altísimo, fue titulado como “paro histórico”. Las palabras algo indican. Pertenecer tiene sus privilegios.

Los manifestantes vulneraron límites jamás traspasados por los movimientos de desocupados: revisaron el interior de los camiones y forzaron un desabastecimiento nacional de bienes básicos, conducta que tiene muy pocos precedentes, todos ellos golpistas.

En el devenir de los cortes hubo también escenas de violencia, golpizas, un apuñalado en Chivilcoy, un hombre que murió tras haberse cerrado el paso a su ambulancia en Laboulaye. Todos saben que esas acciones no describen ánimo criminal sino exaltación y pérdida del mínimo sentido solidario. De todas maneras hubiera sido simpático algún reproche en los grandes medios a esos episodios. Dejamos para otro día hacernos cruces imaginando qué no se hubiera dicho si los manifestantes que “cerraron la tranquera” a una ambulancia con un enfermo terminal hubieran sido piqueteros.

La acción directa siempre tiene una dosis de violencia, cuanto menos simbólica. También la hubo en la narrativa de tantos medios, que alcanzó picos memorables. Este cronista escuchó a dos colegas, una movilera y una conductora reconocida, discernir entre la “gente normal” y los piqueteros que estaban en Plaza de Mayo el martes. La movilera tipificaba la normalidad: clase media alta. Ninguna se explayó sobre los rasgos distintivos de los anormales. ¿La pigmentación de su piel? ¿Su ideología? ¿La calidad de su vestimenta? El lector puede hacer su menú, que quizá contenga platos combinados”.

Y Roberto Caballero hizo lo propio en la edición del 27 de marzo de la revista Veintitrés:

“Veo a periodistas progres indignados por la ausencia policial en la zona de refriega y me deprimo, sinceramente.

Se me caen los ídolos. De a uno.

Veo a chicos de la Universidad de Belgrano ofendidos no tanto por las retenciones al agro como por las extensiones de Cristina.

¿Nadie se pregunta cómo sería el país sin las retenciones?

Yo les cuento, si quieren.

Con suerte el litro de leche saldría 6 pesos.

Un kilo de tomate, 22.

El asado, 30 o 40.

El lomo, señora, 95 o 100.

Una plantita de lechuga, 10.

No se entiende por qué la gente apoya algo que le daña el bolsillo.

O mejor dicho, sí, por el odio.

El odio del ´viva el cáncer´”

Cuando no decir dice más

Si la razón de ser y de trabajar de un periodista es la búsqueda de la información para lograr comprender primero y explicar después cómo se sucedieron los acontecimientos y por qué ocurrieron de esa manera, no termina de entenderse –si se piensa desde la buena fe y la ética- por qué Página 12 fue el único medio interesado en saber cuáles fueron las circunstancias en las cuales tuvo lugar el enfrentamiento físico entre D´Elía y Grahan.

Sólo este diario tomó testimonio a ambos.

Allí pudo saberse que Grahan persiguió a D´Elía durante una cuadra mientras le gritaba “negro de mierda”, “servicio”. Los medos audiovisuales tomaron testimonio a Grahan y lo editaron junto a la voz de D´Elía cuando el lider de la FTV se refería a la “oligarquía”. Es decir que se construye un escenario en el cual se parte de la base de que toda persona relacionada con los movimientos de desocupados o “piqueteros” será violenta, por lo que su testimonio no es informativamente relevante.

Lo importante, desde esa concepción ideológica, es saber qué fue lo que hizo que “en esta oportunidad nuevamente” el “piquetero actuara violentamente” , porque en esta lógica se descarta que así se comportará.

Otro elemento que permitió que en el aire se mantuviera este trato discriminatorio –expreso o sutil- fue la falta de repreguntas por parte de los periodistas o la ausencia de comentarios sobre algunas cuestiones específicas:

 Un manifestante de Gualeguaychú habla de los piquetes de los trabajadores desocupados como “piquetes de negros villeros”. El movilero de CQC utiliza el mecanismo de la repregunta pero sólo para la ironía y el humor.

 La diputada Alarcón dijo en el programa de Santo Biasatti “Otro tema” en TN de esta semana que “la gente de campo se levanta muy temprano para trabajar” y en ningún momento el periodista y conductor propone que hay otros millones de personas que no viven en el campo y que también madrugan para ir a desempeñar actividades tanto o más valiosas como las de un productor. Alfredo Zaiat fue el único que puso esta arista en cuestión: en la edición del 29 de marzo escribió: “¿por qué un productor –el dueño del campo- que se levanta a las cuatro de la mañana y maneja un tractor hace más “patria” que un obrero urbano –dueño sólo de su fuerza de trabajo- que se despierta a esa misma hora, viaja incómodo a la fábrica y opera una máquina industrial?

 En TN la cronista no se preocupa en preguntarle a algún “manifestante” por qué corrieron a golpes a una joven en Caballito cuando ésta pretendió “manifestarse” a favor del gobierno con un cartel que llevaba la consigna escrita a mano “fuerza Cristina”.

 Sólo C5N se preocupó por preguntar y averiguar contra qué o a favor de qué se manifestaba un joven de saco y camisa celeste que terminó con la cabeza ensangrentada luego de ser golpeado.

Los canales dieron por supuesto que se trataba de un “cacerolero” porque estaba “bien vestido”.

A través de C5N pudo saberse que se trataba de un joven que trabajaba en una dependencia del Estado Nacional –y por eso su vestimenta-, que había salido a manifestarse a favor del gobierno y que había sido golpeado por una persona que estaba “a favor del campo”.

 No se le dedicó ni en TV, ni en radio, ni en los medios gráficos casi ninguna importancia a la persona que murió en la ambulancia que fue impedida de atravesar un piquete agrario.

 No hubo una sola repregunta cuando el presidente de CARBAP dijo el 1 de abril por la noche casi a modo de amenaza pública que “hemos cumplido nuestro objetivo: ya nos demostramos y le demostramos a la Argentina que estamos en condiciones de desabastecerlo” .

 No se le hizo ninguna repregunta al vicepresidente de la Sociedad Rural cuando indicó que el tipo de manifestación podía notarse en el “color de la piel” de quienes la protagonizaban.

 Otro dato significativo es que por estos días no aparecieron ni columnas de constitucionalistas , ni especialistas consultados a través de las cámaras –como sí ocurrió durante diferentes piquetes anteriores y de desocupados- que explicaran la “inconstitucionalida d de los cortes de ruta”.

La desestabilizació n sutil

Hubo además de discriminació n burda, desentabilizació n sutil. Se equiparó lo que ocurría en las calles y lo que protagonizaban los “vecinos” con la noción clásica de democracia participativa, que no es otra cosa que pueblo en estado de manifestación. Es decir, que se construyó la siguiente ecuación: el gobierno es autoritario y las demandas “de la gente” son más democráticas porque se hacen visibles en el espacio público.

Ya para estas horas se habían instalado algunas nociones que se mantuvieron en casi la totalidad de los medios gráficos y audiovisuales:

a) la noción de paro. Un paro es una huelga de trabajadores asalariados y lo que aquí estaba ocurriendo era un lockout patronal. Esta diferenciació n no apareció en los medios audiovisuales hasta ya entrado en días el conflicto y de los medios gráficos sólo Página 12 lo presentó de de este modo desde un comienzo.

b) la noción de “medida de fuerza”, también en reemplazo de lockout patronal.

c) la idea de que los piqueteros eran aquellos que se acercaban a la Plaza de Mayo y que salían a defender al gobierno nacional “enviados” (dixit) por éste y que las personas que estaban cortando la ruta eran “manifestantes” . Por el absurdo podríamos decirlo de este modo: los “piqueteros” eran aquellos que no estaban cortando ni calles ni rutas y quienes cortaban rutas y calles no eran, en esta oportunidad, piqueteros.

Comenzaba a pasarse –para los observadores atentos- del acontecimiento “potencialmente mediático” a los hechos “absolutamente mediatizados” .

Lo espontáneo

Una de las construcciones más “mediatizadas” fue la noción de “espontaneidad” del cacerolazo: esta idea ya había sido celebrada en 2001 cuando se contrapuso explícitamente esta idea a la del aparato político que lleva almas esclavas a sus actos. La diferencia respecto de 2001 fue que luego de insistir una y otra vez con la “espontaneidad de las cacerolas”, en la nota “No somos golpistas”, dicen los nuevos militantes del cacerolazo, de la página 21 de la edición del domingo 30 de marzo de 2008, los periodistas Juan Pablo Morales y Agustían F. Cronenbold escriben: “Su existencia se empezó a gestar en Semana Santa, cuando en muchos pueblos del interior agrupaciones relacionadas al campo convocaban a marchar el martes a las plazas de las ciudades. En la Capital, el domingo hubo una convocatoria vía e-mail de universitarios de la UBA: ´Se está armando una movida para ir a Plaza de Mayo el martes 25, a las 20 horas, para dar nuestro apoyo al campo´”.

Si los datos que aporta esta nota son ciertos, entonces por qué La Nación dice en la tapa de su edición del miércoles 26 de marzo que:

“Cacerolazos e incidentes tras las críticas de la Presidenta al campo”.;

“Una fuerte reacción social (…) sucedió a un duro discurso de la presidenta (…)”;

“Miles de manifestantes autoconvocados con cacerolas se habían reunido pacíficamente (…) Pero sobre la medianoche, piqueteros conducidos por Luis D´Elía y Emilio Pérsico dispersaron a los golpes a los manifestantes espontáneos”.

El mecanismo del causa/discurso presidencial- efecto/manifestació n espontánea ganó el sentido e hizo perder de vista que los cacerolazos y la manifestación a Plaza de Mayo contra el gobierno había sido tan premeditada y previa a las palabras de la jefa del Estado como el lanzamiento del “paro por tiempo indeterminado” por parte de los sectores agrarios.

Página 12 hizo la diferencia con una herramienta muy sencilla y básica del periodismo: el relato cronológico de ciertos acontecimientos. Dice Página 12 en la bajada de tapa del miércoles 26: “Los dirigentes de las organizaciones agrarias anunciaron la continuación del lockout por tiempo indefinido. ¨No me voy a someter a ninguna extorsión´ respondió la Presidenta”.

Vemos aquí cómo con el verbo respondió se modifica el orden de los acontecimientos y se modifica por completo la realidad construida.

Página 12 finaliza la mencionada bajada del siguiente modo: “Por la noche, hubo cacerolazos en varios barrios porteños y una concentración opositora en Plaza de Mayo”. Notamos en este caso cómo dando un grado mayor de precisión, este diario logra, nuevamente construir otro escenario.

Se desprende de lo anterior que otra de las construcciones de los medios estuvo anclada en: la omisión de detalles y en la puesta de los hechos en una misma temporalidad eliminando la cronología que da contexto y explica muchos –sino todos- los hechos ocurridos.

Clarín utilizó un mecanismo similar al de La Nación. Tituló en su edición del 26 de marzo: “Cacerolazo tras el duro discurso de Cristina”. En el interior, el copete de la nota de la página 6 indica que “En todos los lugares arrancaron a las 20 convocados por mails y mensajes de texto” y dice en la nota “La convocatoria para marchar a la plaza de tu pueblo o ciudad´ se difundió en todo el país por Internet y mensajes de texto”. Sin embargo, en la nota de la página 7 se indica que las personas se agruparon “de manera espontánea en el Obelisco”.

Crítica de la Argentina hizo lo propio: En la página 4 de la edición del jueves 27 de marzo Javier Romero indica en su nota que “Una cadena de mails y de mensajes de texto convocando a un cacerolazo después del discurso presidencial se habían filtrado a manos de K”. Sin embargo, en la página 2, en la nota cuyo título es “Los batata modelo 2008”, el copete dice que “Un cacerolazo espontáneo con movilización a Plaza de Mayo culminó como 24 horas antes”.

Si bien en lo dicho aquí, La Nación y Clarín hacen una construcción similar, es importante marcar que La Nación se refirió a la medida de las organizaciones agrarias más como “conflicto con el campo” o “protesta” que como “paro”, palabra que eligió Clarín por encima de cualquier otra.

Por otra parte, La Nación hizo hincapié en la “violencia” ocurrida por el enfrentamiento de los manifestantes, mientras Clarín pone el acento en los manifestantes concentrados en la Plaza de Mayo y coloca en tapa una foto excesivamente similar a la que colocó en su portada del jueves 20 de diciembre de 2001.

Fue un exceso de casualidad en el recorte informativo y en la elección de la imagen.

El escenario construido, entonces, desde la tapa del diario es que este 25 de marzo y aquel 19 de diciembre no tienen demasiado de distinto. Nuevamente es lo no dicho (el contexto político, la actualidad económica, la legitimidad electoral del actual gobierno, la pasividad de la protesta, entre otras cientos de variables) lo que habla. La falta de contexto es lo que termina construyendo escenarios en los imaginarios del lector.

Palabras que hacen que una imagen valga algo

Un mecanismo similar utilizó el diario Crítica de la Argentina. La frase remanida dice que “una imagen vale más que mil palabras”. A modo de ejercicio, se propone poner acaso en cuestión este dicho popular y ver qué efecto provocan, por el contrario, las palabras y qué le hacen éstas a imágenes que en sí mismas y por sí solas no dicen mucho.

Fotos sin editar

Fotos con edición.

Otro mecanismo menos burdo pero igual de peligroso y desestabilizador o por lo menos no aliado del llamado a la calma es apelar a ciertos fantasmas del pasado que permanecen en los imaginarios sociales más como consignas y como imágenes estáticas que como referencia a recuerdos explicados e interrogados por el conjunto de la sociedad. Crítica apeló, en su edición del 27 de marzo, a los “batatas” (persona que en el Mercado Central que en 1993 agredió a Marcelo Bonelli) y al “helicóptero” de De la Rúa (la imagen de la decadencia política y la deslegitimació n pública de la figura presidencial, la que a su vez apelaba a otro helicóptero: el que utilizó María Estela Martínez de Perón cuando el golpe de Estado de 1976).

La edición gráfica

El trabajo periodístico de los diarios consta de dos instancias básicas: la escritura y la edición gráfica. El redactor pone toda su atención en su nota. El editor de sección, hace lo propio en el titulado de estas notas. Un lector distraído puede referirse a casualidades. Quienes trabajamos en y con los medios sabemos que el azar está bastante alejado del cierre gráfico de una sección.

Un ejercicio interesante para realizar con esta edición del diario Crítica es leer de corrido muchos de sus títulos y analizar la sensación que estos provocan:

Segundo round- Los batatas modelo 2008- Así se armó el operativo D´Elía- “Son muy bravos los Kirchner”- Más de cien cortes en todo el país- Se frenó la cadena productiva- Comer, una misión imposible- Demoras, cancelaciones y dársenas vacías

No es necesario ser muy avezado para darse cuenta que esta construcción da cuenta de un país en el cual reinan la violencia, el hambre, el desconcierto, la falta de previsibilidad y que pareciera se tratara de una nación en la cual ninguno de sus ciudadanos pudo en esos días seguir con sus actividades cotidianas.

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2- PRONUNCIAMIENTO DE LA FACUTLAD DE CIENCIAS SOCIALES DE LA UBA ANTE LA RESPUESTA DE LOS MEDIOS POR EL INFORME

 

 

Pronunciamiento de la Facultad de Ciencias Sociales

Jueves 10 de abril de 2008

 

La Facultad de Ciencias Sociales sólo cumplió con su obligación

 

El martes 1 de abril el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires se pronunció (http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/medios.doc) Y lo hizo con la misma responsabilidad, autoridad, conocimiento y pertinencia que lo ha hecho en cientos de oportunidades anteriores 

Nuestro pronunciamiento provocó una desmedida, llamativa y por momentos insultante y  hasta ofensiva respuesta de parte de algunos medios de prensa, a tal punto que se puso en cuestión y en duda no sólo la pertinencia de nuestra declaración, sino la seriedad académica de nuestra Facultad.

El Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Sociales (órgano máximo y soberano de gobierno  de una Facultad, ante el cual el Decano no puede sino hacer lo que dicho órgano le encomienda) emitió una resolución criticando lo que considera un manejo cuestionable de la información. Su pronunciamiento fue, por algunos, tildado de “obsecuente” con el oficialismo. Pero lo que no se tiene en cuenta, es que con este tipo de acusaciones a la Facultad se cae en un contrasentido, rayano en el absurdo: en nombre de la libertad de prensa  de las empresas privadas, se cuestiona la libertad de opinión  de una institución pública.

El desatino ideológico de los que levantan semejante acusación (estrechez ciertamente preocupante viniendo de quienes tienen mucho poder  sobre la opinión pública) les impide siquiera creer que un Consejo Directivo académico tenga suficiente autonomía de criterio como para dar su parecer, coincida o no con la de alguna de las partes en conflicto. Para colmo de absurdo –o de, en efecto, manejo interesado de la información- se pasa por alto que se trata de la Facultad de Ciencias Sociales , una de cuyas carreras es precisamente la de Ciencias de la Comunicación. Es decir: la disciplina a la que, en principio, debe suponérsele la suficiente competencia teórica, científica y técnica como para que la suya no sea una mera “opinión” irreflexiva o caprichosa, sino el resultado de un análisis riguroso y fundado de los discursos mediáticos; y también, y sobre todo, una carrera de una universidad nacional que tiene el irrenunciable deber ético y cívico de cumplir con el mandato de la Reforma del 18: enseñar, investigar y hacer extensión. Todo ello, precisamente, porque una Facultad es un ente igualmente público, sostenido con los impuestos y el esfuerzo de toda la sociedad  (y no, como se ha dicho por ahí, por un “gobierno”).

Cuestionar que la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA se pronuncie sobre la temática es desconocer –como se dijo- que cobija a una de las carrera de Ciencias de la Comunicación más importantes de Latinoamérica; es ocultar que esta misma Facultad se ha pronunciado en cientos de oportunidades con el mismo nivel de independencia y libertad que lo ha hecho siempre; es no reconocer que todos estos otros pronunciamientos no vieron la luz pública porque no fueron considerados adecuados para ser publicados por los mismos medios de comunicación que hoy acusan a la Facultad de colaborar con el cercenamiento de la libertad de expresión; es no reconocer que cada día decenas de medios de prensa buscan en esta misma Facultad de Ciencias Sociales –cuyos dichos son hoy brutalmente cuestionados- citas de autoridad y de especialistas para analizar los más variados fenómenos de la realidad nacional.  

Y, de paso, es esquivar el punto principal de lo que la Declaración planteaba: que se habían cometido actos de discriminación durante la cobertura del lockout agropecuario.

Entonces, cabe preguntarse, ¿por qué sólo en esta oportunidad, en que la Facultad se pronuncia sobre el comportamiento de los medios de comunicación, se reacciona con semejante irritación?

Es imposible, entonces, evitar la sospecha de que en buena medida todo este debate forzado y artificioso pueda estar sirviendo de cortina de humo para evitar el verdadero  debate que está en los fundamentos de la Resolución cuestionada: a saber, el de si es cierto o no  que hubo un tratamiento parcial e interesado de la información, y el de si es cierto o no  que dicho tratamiento incluyó un sustrato de discursos e imágenes rayano en formas explícitas e implícitas de clasismo, de racismo,  de discriminación ideológica, etcétera. Esta es la discusión que debe hacerse de cara a esa sociedad de la cual –y supuestamente para  la cual- viven tanto la Facultad de Ciencias Sociales como los medios masivos de comunicación. Si la Facultad está equivocada en sus análisis y sus evaluaciones, ello deberá ser demostrado independientemente de las opiniones partidarias y, por supuesto, de los agravios gratuitos.

Los medios, seguramente, cuentan con asesores muy idóneos en la materia: que salgan al ruedo y fundamenten, al igual que lo ha hecho la Facultad, su crítica a nuestros argumentos. Y si no lo hacemos todos así, que sea la propia sociedad  la que nos pida cuentas, y no los monopolizados pools informacionales con sus diatribas infundadas o quienes defiendan sus intereses.

Con nuestro pronunciamiento, no hicimos más que cumplir con la función de la universidad pública: poner todo su conocimiento crítico al servicio de la sociedad que la sostiene y aportar a la reflexión todos sus elementos teóricos, técnicos y profesionales.

En el mismo sentido y con el mismo espíritu es que nuestra Facultad se pronunció:

– en contra de la forma en que se llevaron adelante las modificaciones en el INDEC (http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/INDEC.pdf )

– en contra de la extensión de las concesiones de las licencias de radiodifusión (http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/decreto.pdf)

– con una carta pública para que el gobierno nacional acelerara los mecanismos para que nuestra Facultad pudiera finalizar las obras de su edificio definitivo (http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/carta.pdf)  y http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/edilicio.pdf, entre otras decenas de declaraciones

La deformación del “debate” sobre la “libertad de prensa” ha alcanzado abismos verdaderamente insondables y todos ellos basados en una falacia de origen: aquellos mismos que pretenden –como es legítimo- tener las manos absolutamente libres para opinar lo que sea, pretenden atárselas a los demás.

La Facultad quiere volver a colocar el debate que propuso en la senda original.

El 1 de abril hicimos pública una declaración en la cual

Repudiábamos cualquier tipo de expresión discriminatoria, tanto por las referencias de clase o  por invocar el color de la piel o la situación social.

      Exhortábamos al Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) para que en el ámbito de sus facultades: pusiera en conocimiento de la comunidad argentina la existencia de reglas antidiscriminatorias; realizara actividades a través del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión, hiciera las investigaciones correspondientes a fin de dirimir si se habían dado a la difusión pública expresiones de contenido antidemocrático o de cuestionamiento a la vigencia del estado de derecho.

Dábamos cuenta de la necesidad de la sanción de una ley democrática de radiodifusión. Invitábamos a la distintas organizaciones de periodistas profesionales a que realizaran un llamado de atención a sus afiliados y socios respecto de faltas éticas graves.

Cuando hablábamos de actitudes discriminatorias nos referíamos a lo que la Facultad observó durante la cobertura y esto fue:

Se diferenció ente “gente” y “piqueteros”

A quienes manifestaban durante el cacerolazo se los llamó “vecinos autoconvocados” y a  quienes manifestaban a favor del gobierno “piqueteros pagados por el gobierno”.

Se dio por supuesto que la vestimenta y el color de la piel de las personas determinaban si éstos eran o no violentos.

Se estableció una falsa dicotomía a través de la cual se planteó que quienes manifestaban en contra del gobierno eran “vecinos autoconvocados” o “ciudadanos que se manifiestan espontáneamente” y quienes lo hacían a favor, eran “piqueteros violentos” o  “personas arriadas”.

Cuando hicimos mención al Observatrorio de la discriminación –un organismo que, dicho sea de paso, no prevé sanción alguna para quienes pudieran incurrir en actos de discriminación, sino la invitación a retractarse o a corregir- no hicimos otra cosa que remitirnos al organismo nacional correspondiente y propusimos que esta entidad –creada en 2006 y no ahora como se dijo por estos días, y que no había recibido objeciones anteriores ni en su creación ni en su accionar- tomara cartas en el asunto. Es decir, pedimos que se cumplieran las funciones para las cuales ambos organismos habían sido creados. Para decirlo de otro modo, exhortamos al Estado nacional (y no al gobierno) –garante de todos los derechos humanos, incluido el de la ciudadanía a informarse correctamente y a que no se cometan actos de discriminación- a que actuara como tal.  

Cuando dijimos que la Argentina necesita una nueva ley de radiodifusión, lo que estábamos indicando es que nuestro país merece salir de la oscuridad de una reglamentación de la dictadura que sujeta los servicios a la seguridad nacional (inspiradda en la “Doctrina de seguridad nacional”), . 

Cuando proponemos que un organismo como el Observatorio actúe -como saben todos quienes tienen algún tipo de relación con los medios de comunicación, incluidos quienes más fuertemente nos cuestionaron-  no estamos haciendo otra cosa que poner en evidencia que los medios de radiodifusión utilizan un recurso escaso administrado por el Estado Nacional y concesionado, dentro de ciertas reglamentaciones, para su explotación privada y comercial.

Cuando invitamos a la distintas organizaciones de periodistas profesionales a debatir lo hicimos con la intención de que éstas entidades aceptaran nuestra propuesta para ser discutida los ámbitos que creyeran convenientes y con las reglas de cada una de estas entidades. Sin embargo entre la tarde del martes 1 de abril y el mediodía del viernes 4, cuando tuvo lugar la reunión la Presidenta de la Nación, no sólo ninguna de estas entidades tomó contacto con nosotros, sino que ninguno de los medios que hoy cuestionan nuestra actitud se acercó para hacernos mención al tema.

La Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en definitiva y por todo lo que aquí se explica, no hizo más que cumplir con su obligación.

 

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Archivado bajo Comunicación, Comunicación Política, Periodismo, PR

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