Periodismo literario

El periodismo literario.
 
Anuar Saad Saad * y Jaime De la hoz Simanca **  
(Este es el primer capítulo del libro Periodismo Literario, perteneciente a la serie Biblioteca Moderna de Periodismo editada por la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla, Colombia)
 
 
Es universalmente reconocido el binomio periodismo-literatura, concepto de la comunicación escrita que, sin embargo, cuenta con su correspondiente excepción: algunos especialistas consideran que aquello no es más que una extraña y absurda mezcla que estaría lejos de conformar un género o recibir una denominación específica. Pero los hechos demuestran que, en efecto, existe una expresión periodística sobre la que soplan fuertes vientos literarios. Así, se habla hoy de Periodismo Literario para señalar los relatos cruzados por estructuras, técnicas y formas narrativas propias del cuento o la novela.
La vigencia del Periodismo Literario está exenta de toda duda en tanto que es cada vez más visible el interés de los medios de comunicación escritos por mostrar trabajos con un alto contenido en su narración. La preocupación estética respecto al desarrollo de las historias es cada vez más creciente, y de allí la proliferación de revistas especializadas donde son visibles el esfuerzo y la puesta en escena del ingrediente literario.
Para hablar de Periodismo Literario es necesario hacer mención del periodista propiamente dicho y del literato como hombre que oficia -utilizando el expediente de la ficción- a través de la palabra escrita. El primero, aún conociendo las herramientas fundamentales del género, podría desarrollar reportajes, crónicas o perfiles mediante un lenguaje sencillo, unas técnicas de aceptable relevancia y una narración que podrá satisfacer medianas exigencias estéticas. El segundo, por sí solo, podría ser un formidable creador de historias, un inventor de realidades o, como diría Mario Vargas Llosa, “un rebelde contra la creación de Dios que es la realidad… Una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea. Éste es un disidente: crea vida ilusoria, crea mundos verbales porque no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que son). La raíz de su vocación es un sentimiento de insatisfacción contra la vida; cada novela es un deicidio secreto, un asesinato simbólico de la realidad”.
Se requiere la confluencia entre uno y otro para poder alcanzar la denominación de Periodista Literario, es decir, aquel comunicador que puede escribir sobre hechos reales -en cualquiera de los géneros periodísticos más representativos- mediante recursos que llegarían a conformar una “obra de arte”. Los ejemplos abundan. Y la historia misma del periodismo da cuenta de este tipo de comunicadores que, en su mayoría, dejaron como legado obras literarias de gran trascendencia e historias periodísticas que aún hoy son materia de estudio en las escuelas de periodismo. Asimismo, es notoria la práctica, en estos tiempos modernos, de un periodismo literario ejercido con todas las características atribuibles al mismo.
La esperanza de un constante periodismo literario en los medios de comunicación escritos tropieza con un serio obstáculo: la despreocupación de muchos periodistas frente al estudio y práctica de la literatura. En las facultades de periodismo de América Latina es evidente la existencia de un grueso número de estudiantes que miran de soslayo los géneros literarios. Muchos consideran que éstos son ajenos al periodismo y prefieren más bien su “pureza”, vale decir, su expresión llana y simple sin las “complicaciones” que acarrean la estructura o la técnica del cuento o la novela. De esa manera, el reportaje, la crónica, el perfil o el relato periodístico, aparecen con algunas carencias estéticas o sin el atractivo que generaría si contaran con el andamiaje que soporta las creaciones literarias.
Sin embargo, en los últimos años, el esfuerzo de las facultades de periodismo ha aumentado en relación con el estudio de la literatura. El énfasis es indiscutible a partir de la incorporación del periodismo literario como un módulo obligatorio o como una asignatura que, en la mayoría de los casos, complementa el estudio de la literatura latinoamericana considerada como una asignatura independiente y previa al curso de periodismo literario. Ello ha dado como resultado innumerables destellos de este periodismo que generalmente estuvo reservado a los escritores profesionales que incursionaron -o incursionan ocasionalmente- en el periodismo escrito.
 
 
PERIODISMO LITERARIO: INTERROGANTES BÁSICOS
El término Periodismo Literario, considerado como una forma de expresión escrita materializada a través de los géneros más representativos, en el campo periodístico, nos remite inmediatamente a múltiples interrogantes, pues son diversos los puntos de vista divergentes respecto a su existencia. Algunos autores prefieren mantener la independencia entre los géneros del periodismo y los géneros de la literatura sin hacer concesiones en torno a posibles préstamos de unos frente a otros. No obstante, los últimos estudios y la investigación histórica han logrado dirimir la polémica hasta concluir que el Periodismo Literario, efectivamente, tiene su propia identidad y existe como forma autónoma, caracterizado con un estilo inconfundible donde se destaca el buen uso del idioma. Al respecto señala José Acosta Montoro:
“Es difícil, aun hoy, encontrar la línea de demarcación definida entre lo que llamamos literatura y lo que denominamos periodismo. El lector encuentra con frecuencia, en diarios y revistas, trabajos de escritores contemporáneos, y no sólo en artículos, sino en entrevistas y reportajes, y no duda por tanto en calificar la tarea de periodística. Eso no impide que sepa reconocer en libro el trabajo narrativo, ensayístico y aun teatral de aquéllos”.
El hecho mismo de que el estilo y el uso idiomático en general sea atribuible al oficio literario nos lleva a concluir que el periodismo escrito -estilo, lenguaje, descripción, narración- admite a los escritores como comunicadores de una realidad exenta de magia. Es decir, unos hechos verosímiles y comprobables para cuya divulgación se requiere, fundamentalmente, del dominio de la palabra escrita.
El Periodismo Literario viene a ser un género independiente reservado sólo para aquellos periodistas que se han forjado bajo el influjo de la novela, el cuento, la poesía y el teatro. Su especificidad, en cuanto al nombre, está determinado por los elementos que aparecen incorporados en el reportaje, la crónica o el perfil periodístico. En ese sentido, es imprescindible reunir las condiciones necesarias para que algunos de los géneros mencionados puedan encajar dentro de la categoría periodística de lo literario.
¿Porqué el rótulo? Hay oposición al respecto. Pero, bien vale la pena citar a Norman Sims, quien señala que “algunos colegas -soy profesor de periodismo- sostienen que (el Periodismo Literario) no es sino un híbrido, que combina las técnicas del novelista con los hechos que reúne el reportero. Puede ser así. Pero las películas combinan la grabación de la voz con la fotografía, y sin embargo este híbrido merece un nombre”.
El nombre, pues, ha pasado ya a conformar una rama del periodismo que cada día cobra mayor fuerza en los medios de comunicación escritos a raíz de la exigencia creciente de los lectores. Así, el Periodismo Literario se encarga de mostrar historias verídicas mediante las características que le son propias y con un estilo que va más allá del lenguaje tradicional periodístico.
Otro aspecto para destacar es que tal periodismo revela a los lectores historias engrandecidas por un particular uso del lenguaje y haciendo gala de técnicas pertenecientes a la literatura. El resultado es un relato creíble que mantiene un perfecto equilibrio entre el contenido y la forma. Además, el mismo es producto de un arduo trabajo de investigación con diversos apoyos, cuya apoteosis está constituida por la originalidad en el tratamiento y desarrollo.
El periodista literario no es un comunicador improvisado en la prensa. Es, en la mayoría de los casos, un periodista con experiencia en los medios escritos que ha realizado incursiones en el campo literario. O, al menos, ha obtenido una formación gracias al estudio e investigación de las buenas obras de la literatura universal. Conoce, ciertamente, las técnicas del cuento y la novela, además de la estructura propia de tales géneros literarios.
¿Los temas del Periodismo Literario? Diríamos que son infinitos. Tanto los hechos que dan lugar a la noticia diaria, como los pequeños o grandes detalles de la vida cotidiana, sin excluir los personajes o lugares, son posibles cultivarlos a través de este tipo de periodismo y con una multiplicidad de formas. Un buen periodista literario se caracteriza por la decisión de enfrentar cualquier tema, independientemente de su importancia. Es decir, dichos temas cobran vida y relevancia en la pluma del periodista en tanto que su talento logra descubrir y enaltecer las más disímiles situaciones de nuestra inagotable realidad.
¿La razón del periodismo literario? Podrían ser muchas; pero, la más importante, tal vez, es la necesidad de los medios de comunicación escritos por mantener un espacio cada vez más en situación de peligro frente al avance de los medios electrónicos. Estos han venido invadiendo el territorio de la prensa y, en algunos casos, compitiendo exitosamente hasta convertirse en virtuales ganadores a partir de su inmediatez. Los periódicos y revistas no han tenido más alternativa que encontrar mecanismos eficaces para mantener cautivos a sus lectores. Y no es propiamente la instantaneidad informativa lo que podría lograrlo, sino el buen uso del lenguaje a través de las historias bien contadas.
Detrás de todo esto subyace, también, la necesidad de mantener un negocio que, a lo largo de la historia, ha rendido incuestionables frutos. En ocasiones asistimos al nacimiento de revistas especializadas donde están presentes trabajos periodísticos escritos con el lenguaje propio de la literatura. Incluso, el tratamiento de la noticia ha sufrido modificaciones sustanciales en los periódicos para dar paso a un estilo más fresco, de gran colorido y con elevado nivel estético.
Por otro lado está la obligación de sostener en alto la bandera de la credibilidad. Y ello es posible cuando se gana la confianza del lector y se logra “marcarlo” con historias o información inolvidables, gracias a la forma en que se le entrega el relato. Así, la lealtad vendría a ser sinónimo de buena circulación, con lo cual se perpetúa el vínculo y la fidelidad del cliente frente al medio.
Una razón última, tan importante como las anteriores, es la pasión del periodista literario frente a su oficio. A él le interesa su labor -a veces sin considerar aspectos económicos, de supervivencia del medio o repercusiones por su trabajo- como reto para su potencial creativo. Es, digamos, una necesidad similar al del escritor, cuyo acto creador no es más que, según Vargas Llosa, “exorcizar sus demonios interiores”.
Finalmente, surge el interrogante sobre el método para la realización de trabajos de periodismo literario. En ese sentido hay que señalar que cada historia puesta en escena, como hemos dicho, representa una pequeña “obra de arte”, es decir, una joya literaria al servicio del periodismo. Para lograrlo se requiere de la utilización de diversas herramientas que, en el fondo, son pautas para lograr la proyección deseada de los reportajes o crónicas. No es posible hablar de leyes que rigen al periodismo literario, pero sí de la existencia de pasos graduales cuyo inicio es la labor de investigación. En el capítulo correspondiente a los pasos para su elaboración, hablaremos de los recursos y las técnicas que son usadas por los periodistas literarios en su trabajo de estructuración.
El aporte de la literatura al periodismo ha creado un género exquisito que cada vez gana más espacio en diarios y revistas de Latinoamérica y es por ello que renombrados escritores de ficción han incursionado afortunadamente en el periodismo recreando historias reales con los ingredientes propios de la novela. Y fue así, como surgió el rótulo de “Novela de no ficción” en obras de escritores que marcaron una importante pauta para el nacimiento y fortalecimiento de esta clase de periodismo, como el caso de Truman Capote, quien se inmortalizó con su obra “A Sangre Fría”, novela basada en hechos totalmente verídicos.
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Citas:
(1) Vargas Llosa sostiene que el escritor es un deicida que “asesina” su realidad para crear otra a su imagen y semejanza. La novela o el cuento vendrían a ser su nuevo mundo, edificado a partir de su invención. La hipótesis del fabulista peruano está contenida en el estudio que realizó sobre la obra y vida del Nobel Gabriel García Márquez, Historia de un deicidio, texto publicado por Barral Editores en 1971.
(2) En su libro Periodismo y literatura, Volumen I, Ediciones Guadarrama, Madrid, José Acosta Montoro logra demostrar los estrechos vínculos existentes entre los dos oficios. Aparte de la afirmación anterior, en el punto que nos concierne, Montoro agrega: “Resulta muy difícil, además, distinguir, entre los estilos de narradores y periodistas, cuáles son los propios de cada uno y, también, cada día más, resulta casi imposible separar la temática que utilizan escritores y periodistas en sus trabajos, salvo que al escritor de libros siempre le está permitido convertirlo todo en ficción”.
(3) La afirmación de Sims está contenida en el prólogo del libro Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal, primera edición en español, El Áncora Editores, Bogotá, 1966, traducción de Nicolás Suescún.
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*Anuar Saad Saad es periodista, especializado en comunicación para el desarrollo y catedrático de la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla, Colombia. 
**Jaime de la Hoz Simanca es periodista especialista en comunicación para el desarrollo regional y catedrático de las universidades Autónoma del Caribe y Del Norte de Barranquilla, Colombia.

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