Lo público y lo privado en la oficina

Por: Roberto Buero Rangoni

4 de agosto de 2006

Este es un escrito sobre la intimidad en las empresas… el avance de la esfera pública sobre la privada… sobre las aguafuertes como forma de conocer a una sociedad… de conocer a una ciudad… este es un escrito q cuando trabajaba en un kiosko (dicho esto como sinónimo de
empresa pequeña o familiar) no lo hubiera entendido… perdón a los que dejé afuera… después  de una semana internada en un debate arduo y terrible es momento de relajarse… buen finde para todos… y tirénse a un pozo…
No sé qué tiene el monitor del chabón que está sentado a la entrada del baño pero no puedo dejar de mirarlo cada vez que paso. Y no lo hago porque me interese ni porque vea algo interesante. A decir verdad nunca vi nada importante. En realidad nunca vi nada que pueda
identificar porque a la velocidad que paso no se puede ver nada. Y tampoco me interesa ver qué es lo que hay. Pero de todas maneras no puedo evitar mirarlo. Me acerco pensando que esta vez voy a poder, que tengo que ser fuerte, pongo mi mente en otra cosa y cuando ya casi lo
consigo ¡zas! Giro la cabeza y miro el monitor. Enseguida  miro para otro lado o bajo la vista porque me da vergüenza no poder dejar de mirar ese monitor. Y lo peor de todo es que cuando el monitor está apagado lo miro igual. Y lo miro con reproche porque está apagado y no
hay nada que ver. Pero igual lo miro. Encima estoy convencido que lo incomodo al pobre chabón porque no está bueno que te estén mirando el monitor y lo que escribís (o te escriben). Seguro que se siente observado. Y hace bien porque lo observo. Pero posta que no veo lo que
escribe (ni lo que le escriben). Así y todo no puedo dejar de mirar.
Me gustaría un día agarrarlo y decirle que me disculpe que no es mi intención mirarle el monitor, más allá de que lo haga. Y también me gustaría decirle que se quede tranquilo que a la velocidad que paso no veo nada de lo que tiene en la pantalla. Pero no me animo porque sé
que debe estar recontra caliente conmigo porque sabe que todos los días paso y le miro la pantalla. Y estoy seguro que ya sabe cuando me acerco y en ese momento piensa que ahí va el pelotudo que le mira la pantalla todos los días. Quizás piense que soy alguien que manda su
jefe para verle la pantalla. O que soy alguien que manda su novia para ver con quién chatea. O que soy un sorongo que quiere robarle las ideas. Seguramente me odia. Y está planeando vengarse y pasar por atrás de mi escritorio para ver mi monitor. Pero yo no me siento cerca
del baño. Él sabe que es difícil pero ya se le va a ocurrir la excusa para pasar por acá y mirar mi pantalla, aunque más no sea unos segundos, pero lo suficiente para ponerme incómodo.
 
Mientras tanto seguimos con esta relación que tenemos. Yo tengo vergüenza por mi
curiosidad y miedo por lo que él piensa. Y él tiene bronca porque lo miro y miedo por si veo algo que no debería. Creo que nunca podremos ser amigos.
¿A alguien le pasó algo asi alguna vez?

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